He trabajado durante más de 20 años en el sector de
las Tecnologías de la Información, en diferentes especialidades y
disciplinas. He ejercido como Jefe de Proyecto y Consultor de negocio en
varias empresas. En los últimos años me he dedicado, a raíz de mis
inquietudes por “
las personas”, a una
actividad muy relacionada con el coaching: la Gestión del Cambio. En
este área obtuve la certificación en Human Change Management, un
programa de formación revisado por la Enterprise Integration School of
Industrial and Manufacturing Science de la Universidad de Cranfield.
Cursé un postgrado
de Dirección General de Empresa en la Universitat Oberta de Cataluya
(UOC), que completé con la participación en un master de Dinámica
Organizacional en el Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de
Monterrey, México.
Desde hace tiempo
me dedico al coaching aplicando conceptos y técnicas aprendidas en los
diferentes cursos realizados como parte de mi formación como consultor
de Gestión del Cambio. En el 2009 me certifiqué como Master Coach con
The International School of Coaching (Coachville España) y obtuve la
licencia de Facilitador del Taller de Directivo Coach de The
International School of Coaching.
He obtenido la certificación Wingwave®
Coaching, del Instituto Besser-Siegmund, tras asistir al curso impartido
por la psicóloga Cora Besser-Siegmund, creadora del método.
Tengo la certificación de Master Practitioner en Programación Neurolingüística del Institut Gestalt de Barcelona.Siempre he sentido una especial atracción por la
dinámica de las relaciones interpersonales y el desarrollo y crecimiento
personal. Me apasiona el reto de mejorar la calidad de vida y considero
que cualquier persona puede conseguirlo si se lo propone. Creo
firmemente en las personas y en sus capacidades y eso me llevó a la
práctica del Coaching, disciplina que considero de gran ayuda para el
desarrollo del potencial que todos tenemos dentro.
Me considero amante
de la vida y de las personas. Disfruto ayudando a los demás y aportando
valor en sus vidas. Soy una persona sensible, abierta y, sobre todo,
entusiasta, cualidades que considero necesarias para acompañarte en tu
proceso de crecimiento y superación. Mi prioridad: “mi cliente”.
En la actualidad, compagino el Coaching con la Gestión del Cambio y la Formación. Colaboro con T.I.S.O.C. impartiendo algunos de sus cursos.
Considero las cuestiones éticas de capital importancia en el desempeño
de la labor de cualquier coach y es por ello que suscribo, acepto y
aplico el código ético de la International Association of Coaching
(IAC), de la cual soy miembro.Atrèvete a iniciar el viaje de tu nueva vida y explora otras formas de hacer las cosas. Recibe un cordial saludo,
"Un barco está seguro en el puerto, pero no es para eso que se construyen barcos"
William SheddUna historia muy personal:Tengo el firme convencimiento de que la principal habilidad de un buen coach es saber hacer buenas preguntas, lo que llamamos
“preguntas poderosas”.
Son preguntas que hacen reflexionar al cliente y, a menudo, lo hacen
removerse en la silla. Pero hay una habilidad detrás de estas preguntas,
y es la habilidad de saber escuchar, escuchar no sólo con los oídos
sino con todo el cuerpo: entregarse al cliente e impregnarse de lo que
está explicando. Muchas veces me he preguntado de dónde me viene la
vocación para dedicarme al coaching, cómo es que me gusta escuchar a los
demás. Rebuscando en mi historia personal encontré algo que me llamó la
atención: mi abuelo.
Mi abuelo era una persona de las que
diríamos “de la antigua escuela”. Vivió gran parte de su vida en el
campo, campesino y ganadero. Participó, por imperativo legal, en dos
guerras. Tuvo que emigrar de Andalucía en Cataluña buscando una vida
mejor. Era bastante tozudo, las cosas se tenían que hacer como él decía,
y si no era así había riesgo de bronca. Poco después de cumplir sesenta
años le detectaron un cáncer de laringe que obligó a extirparle las
cuerdas vocales y hacerle una traqueotomía, ambas cosas le impedían
hablar. Su obstinación le llevó a no querer aprender a hablar con el
estómago, como los ventrílocuos, lo que le obligó a tener que expresarse
por señales y en una libreta escribía lo que no le entendíamos. Todos
nos esforzábamos por entenderle, pocos éramos los que podíamos
entenderle sin la libreta. Leyendo sus labios y siguiendo sus gestos
acabábamos entendiendo lo que decía, pero sólo algunos, entre los que me
cuento.
Recuerdo los largos ratos que pasaba con él
“escuchando”
sus historias: de las guerras, de la post-guerra, de los cultivos, del
ganado, resumiendo, sus batallitas. Yo disfrutaba con todo lo que me
contaba, eso sí, me suponía un gran esfuerzo poderle entender. Tenía
que, sencillamente, entregarme totalmente a lo que me estaba contando,
era la única forma de entenderlo. A veces pienso que debían ser mis
primeras sesiones de coaching, os puedo asegurar que fueron una muy
buena práctica de escucha activa.